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El fin del «terror a las matemáticas»: Cómo el Método Kumon conquista a Chile desde la autonomía y la neurociencia

Para miles de niños, enfrentarse a una hoja en blanco llena de ecuaciones o multiplicaciones suele ser sinónimo de frustración, sudor frío y un bloqueo paralizante. Es el fenómeno conocido como «ansiedad matemática». Sin embargo, en las últimas décadas, un sistema nacido en el Japón de la posguerra ha demostrado que el temor a los números no es una condición genética, sino un obstáculo metodológico. Hoy, con una presencia cada vez más fuerte en las comunas de Chile, el Método Kumon se consolida como el gran aliado de las familias para transformar el miedo en autoconfianza.

De la mesa del comedor en Osaka a las aulas de Santiago

La historia de este fenómeno educativo se remonta a 1954 en Osaka, Japón. Toru Kumon, un profesor de matemáticas de secundaria, descubrió que su hijo Takeshi, de segundo básico, tenía dificultades con la asignatura. En lugar de darle clases magistrales, Toru comenzó a escribir diariamente ejercicios de cálculo en hojas sueltas, diseñadas cuidadosamente para que su hijo descubriera la lógica por sí mismo y avanzara a su propio ritmo.

Tōru Kumon
Tōru Kumon 

El éxito de Takeshi fue tan rotundo que para el sexto año básico ya resolvía cálculo diferencial e integral. En 1958, se fundó el Instituto Kumon de Educación, expandiéndose rápidamente por el mundo. A Chile llegó formalmente en 1995, instalando una red que hoy, tres décadas después, no para de abrir nuevos centros a lo largo del país para responder a una demanda creciente tras el impacto del rezago escolar pospandemia.

¿En qué consiste y qué habilidades desarrolla?

A diferencia de las clases particulares tradicionales que buscan «parchar» una nota antes de una prueba, Kumon es un sistema de aprendizaje continuo e individualizado. Consiste en una rutina diaria de entre 15 y 30 minutos de resolución de cuadernillos autoinstructivos. El alumno no avanza por su edad o curso escolar, sino cuando demuestra dominio absoluto y velocidad en el nivel actual.

Las habilidades clave que desarrollan los niños se dividen en dos frentes:

  • Habilidades Académicas: Agilidad mental, dominio impecable del cálculo abstracto y comprensión de la lógica matemática avanzada.
  • Habilidades para la Vida (Habilidades No Cognitivas): Autodisciplina, concentración, resiliencia ante el error, hábitos de estudio sólidos y, por sobre todo, el autodidactismo.

El impacto cognitivo: Qué dice la neurociencia

Desde el punto de vista del desarrollo cerebral, Kumon no fomenta la memorización mecánica, sino que reconfigura las conexiones neuronales del estudiante. Al enfrentarse a desafíos dosificados a su «punto ideal» de capacidad, el cerebro activa las áreas del razonamiento lógico-matemático de la corteza prefrontal.

Al lograr resolver los problemas de manera autónoma, se gatilla la liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer y la recompensa. Esto no solo disipa la ansiedad (reduciendo la actividad de la amígdala, asociada al miedo), sino que robustece la plasticidad cerebral, mejorando los niveles de atención sostenida y la memoria de trabajo. El niño ya no ve la matemática como una amenaza, sino como un acertijo estimulante.

La voz desde el aula: Kumon Salvador en Providencia

En el día a día chileno, el éxito del método cobra vida a través de sus orientadores. En la comuna de Providencia, el centro Kumon Salvador es testigo directo de esta transformación. Su directora y orientadora, Camila Venegas, explica que el verdadero secreto del método radica en erradicar la inseguridad desde la base.

En la foto cedida por Kumon, se aprecia a Gustavo Pinto Fuentes, Alumno de 1° básico, y ahora con 3 años adelantado a su nivel escolar

«El temor a las matemáticas casi siempre nace de un vacío acumulado en el pasado», explica la orientadora Camila Venegas. «Cuando un niño llega frustrado y dice ‘no sirvo para esto’, nuestro primer paso no es forzarlo con contenidos complejos de su curso, sino evaluar dónde se rompió el hilo conductor de su aprendizaje. Al hacerlo retroceder al punto exacto donde se siente seguro y cómodo, el miedo desaparece. El niño experimenta el éxito desde el primer día».

Con el aumento de la matrícula y la apertura de más centros en el país, Venegas enfatiza que las matemáticas son solo el vehículo para un beneficio mucho mayor: la autoestima del estudiante.

«Ver la cara de un alumno cuando descubre, por sus propios medios, cómo resolver un ejercicio que antes le hacía llorar, es impagable. No estamos enseñando solo a sumar o a calcular integrales; estamos entrenando la mente de niños que se descubren capaces de aprender cualquier cosa de forma autónoma. Por eso el método se expande tanto: un niño con confianza en Kumon, es un niño que pierde el temor a equivocarse en la vida», concluye la orientadora de Kumon Salvador.

Casos de éxito que se multiplican

El crecimiento de Kumon en Chile no es casual. Responde a historias reales de alumnos que ingresaron con severos problemas de rendimiento y que, en un par de años, no solo se nivelaron, sino que terminaron estudiando contenidos dos o tres años por encima de su nivel escolar formal.

En un ecosistema educativo donde la ansiedad escolar va al alza, la propuesta de la disciplina diaria y el autodescubrimiento originados en Japón demuestra que el potencial de los niños es ilimitado. Solo necesitaban la hoja de papel correcta, el tiempo adecuado y la confianza de saber que podían resolverlo solos.

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