
Mauro Migliaro, Director del Preuniversitario Preutech alerta sobre el bajo nivel de comprensión con que egresan los estudiantes

Cada año, cuando llegan los nuevos estudiantes que quieren preparar la PAES, los preuniversitarios y los centros de educación superior, se encuentran con la misma escena: jóvenes que terminaron la enseñanza media con promedios altísimos, con diplomas de excelencia y felicitaciones en sus colegios, pero que al enfrentarse a un texto un poco más complejo no logran identificar la idea principal, no pueden inferir información básica y se pierden en instrucciones que requieren más de un paso. “La PAES no está revelando nada nuevo; simplemente confirma un problema que se arrastra desde hace años. Los estudiantes no están aprendiendo lo que el currículum dice que deberían aprender, y somos nosotros —los que trabajamos en preparación académica— quienes terminamos nivelando lo que la escuela no logró consolidar” indica el Director de Preutech uno de los mas tradicionales preuniversitarios de Chile.
Mauro Migliaro cuenta con una experiencia que reúne el emprendimiento, la ingeniería y la educación. Desde esa mirada es que ha seguido de cerca los procesos de cambio en los egresados que cada año llegan al preuniversitario.
Muchos jóvenes llegan convencidos de que “les va bien”, porque durante años obtuvieron buenas notas. Pero esas notas no reflejan comprensión profunda ni habilidades cognitivas sólidas. Desde la psicología cognitiva esto tiene una explicación clara: si las evaluaciones escolares se centran en repetir información, el estudiante memoriza para la prueba y olvida después. No hay consolidación en la memoria de largo plazo, no hay transferencia, no hay pensamiento crítico. Lo que queda es una sensación de dominio que se evapora en cuanto la tarea exige razonamiento real.
En nuestro ejercicio académico es algo que vemos todos los días. Muchos estudiantes llegan sin hábitos de estudio, sin planificación, sin técnicas que les permitan organizar la información o evaluar su propio desempeño. “La comprensión lectora, que debería estar completamente consolidada al finalizar la enseñanza media, aparece debilitada, fragmentada, insuficiente para enfrentar textos argumentativos o problemas matemáticos que requieren interpretar, comparar o deducir” indica Migliaro.
La desconexión entre las notas escolares y el dominio real es uno de los síntomas más evidentes. Las calificaciones infladas generan una falsa sensación de seguridad en los estudiantes y en sus familias. Pero cuando se enfrentan a una prueba estandarizada que exige análisis, síntesis y resolución de problemas, esa ilusión se rompe. “No es que los jóvenes no quieran aprender; es que el sistema no les enseñó a aprender. La sobrecarga de contenidos, las clases expositivas que saturan la memoria de trabajo y la falta de práctica deliberada en habilidades básicas terminan por impedir que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico o comprensión profunda”. Reflexiona Mauro Migliaro .
El resultado es un patrón que se repite año tras año: jóvenes que egresan de 4° medio con vacíos significativos en lectura, matemáticas y razonamiento, con escasa capacidad para resolver problemas y con un conocimiento disciplinar fragmentado. En vez de preparar para la universidad, los preuniversitarios estamos reconstruyendo las bases que debieron haberse formado mucho antes. Y aunque lo hacemos con compromiso, sabemos que no es sostenible. No podemos seguir siendo el parche del sistema escolar.
«Nos toca nivelar, enseñar lo que no se aprendió, motivar y orientar vocacionalmente en un contexto muy complejo y de mucha información. Esto nos ha llevado a reconfigurar nuestro modelo y orientarlo para atender las necesidades educativas de cada estudiante. Desde nuestra mirada se necesita una transformación profunda: enseñar enfocados en poder evaluar con rigor y sentido; entrenar habilidades cognitivas esenciales desde edades tempranas; y formar hábitos de estudio que acompañen al estudiante durante toda su trayectoria. “La PAES no es el problema. Es el espejo. Y el reflejo es incómodo, pero necesario” . Concluye el directivo.




