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Desafíos del Transporte Público en Chile: Santiago y el resto del País

Por Pedro Palominos. Profesor Titular en Universidad de Santiago de Chile Director Smartcity-Lab

En materia de transporte público Chile tiene dos realidades muy distintas, Santiago y el resto del país. En la última edición del Índice IESE Cities in Motion (ICIM) 2024, Santiago de Chile fue coronada como la ciudad más inteligente de América Latina, ubicándose en el puesto 91 a nivel mundial. En este prestigioso ranking, elaborado por el Centro de Globalización y Estrategia del IESE  de España. Este índice que considera 9 dimensiones de 183 ciudades de 92 países, considera la dimensión movilidad y transporte donde Santiago aparece en el lugar 44, por sobre ciudades emblemáticas como Lisboa (63), Praga(45), Ottawa (64), Berna(60) entre otras. En el mismo informe se señala que “ en el 2017, Santiago emprendió́ una ambiciosa iniciativa con la presentación de un proyecto al Fondo Verde para el Clima, cuyo propósito era electrificar el 25% de su flota de autobuses públicos hacia el año 2025. Esta meta no solo fue alcanzada, sino superada antes de lo previsto, ya que en el 2023, el 30% de los autobuses de la capital chilena eran eléctricos (cerca de 7.000 unidades)”, pero además de lo anteriores Santiago con sobre 8 millones de habitantes, tiene un sistema integrado con sus 7.000 buses, 7 líneas de metro, 143 estaciones y 226 kilómetros de línea, además de un tren de cercanías y  un medio de pago único e integrado.

Considerando además, los 27.000 taxis básicos, 11.000 taxis colectivos y una red de ciclovías, arriendo de bicicletas y alto porcentaje de bicicletas por hogar, que son factores que se consideran en este índice hacen de Santiago un referente en Latinoamérica.  Sin embargo, este logro tiene cierta fragilidad ya que según los medios de prensa, al  menos tres operadores de las siete líneas de buses con que cuenta el sistema, enfrentan serios problemas financieros, con márgenes operacionales negativos y desde hace más de un año están perdiendo alrededor de $ 1.000 millones mensuales y con una evasión que se ubica en la actualidad por debajo del 40%, y el año pasado en monto de la evasión fue demás de más de 1.000 millones de dólares, considerando una tarifa que no lograr cubrir los costos de operación de los distintos operadores. Por lo cual es importante abordar de manera urgente esta situación para mantener y mejorar este sistema de que beneficia a millones de Santiaguinos.

Respecto al resto del país, la situación es muy distinta a la anteriormente descrita como Santiago estrella en Latinoamérica, ya que el general no existe integración entre buses ni con otros modos de transporte, salvo alguna intermodalidad como la del Metro Regional de Valparaíso, en la ciudad puerto y varias comunas como Viña del Mar, Quillota y Limache, el cual integra el tren suburbano Puerto-Limache con buses urbanos, servicios de trolebús y ascensores y el sistema Biovías en el Gran Concepción, el cual permite la transferencia entre las estaciones del Biotrén, bicicletas públicas y buses urbanos de la ciudad penquista. Pero en general la flota es antigua y hoy, salvo contadas excepciones, no hay buses eléctricos operando, además los conductores enfrentan condiciones laborales deficientes y son mal evaluados por el público, al igual que la calidad del servicio en general. En buena parte de las ciudades de Chile los buses pierden terreno frente a los taxis colectivos, de mucha menor eficiencia y el uso mayor de las aplicaciones de Uber,  Cabify o Didi que este año comenzó a regularse con el reglamento de la Ley N°21.553.

Sin embargo, la deuda con el transporte público de regiones es grande, aunque en las últimas administraciones se ha comenzado a enfrentar esta desigualdad con la capital. Se han incorporado formas básicas de regulación en varias ciudades del país, se ha comenzado a medir las variables de calidad y se está impulsando mecanismos para renovar la flota e incorporar buses eléctricos, por ejemplo 40 buses eléctricos en Antofagasta,10 en Rancagua y otros en proyectos como en La Serena, Coquimbo, Ovalle, Tiltil, Lota , Osorno y Copiapó . Pero todavía falta por hacer para mejorar la calidad de los servicios de transporte público en regiones, como por ejemplo, aumentar la intermodalidad mediante un mejoramiento de la infraestructura, como vías elevadas, tranvías, ciclovías, pasos peatonales,   etc., como también mejorar  la accesibilidad con una modalidad inclusiva, así como la seguridad vial que prioricen a los peatones y las bicicletas, de  tal manera que se produzca una equidad para los habitantes de las regiones  en los servicios de transportes públicos con servicios equivalentes a los de la ciudad de Santiago, mejorando así su  la calidad de vida y avanzar hacia ciudades cada vez más inteligentes y que sean referentes latinoamericanos como lo es la ciudad de Santiago.

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Un comentario

  1. Se agradece este artículo escrito por el Profesor Pedro Palominos, muy informativo en donde se muestra la gran calidad del servicio alcanzado por el transporte público desarrollado en Santiago de Chile.
    Además el artículo plantea los diversos desafíos y problemas pendientes, tema que requiere de urgencia y que se realicen estudios que den respuestas y se implementen las soluciones.

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