Sábado 13 de Agosto de 2022

La Moneda Usada en Chile durante la colonia 

Por Alejandro Chanique

Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Magíster en Gerencia y Políticas Púbicas

El presente Ensayo numimástico sobre monedas chilenas de la Colonia, tiene un origen muy personal. Por un lado, mi padre, Gastón Chánique Bórquez, cuyo Catálogo Billetes Chile, que comprende ediciones desde 1822 a 2002, y forma parte obligada de la bibliografía relacionada con la historia de la numismática chilena, como lo comprueba su presencia en La emisión de dinero en Chile. Colección de Monedas y Billetes del Banco Central de Chile (2005), representó un invaluable estímulo para emprender una tarea tan riesgosa, pero al mismo tiempo tan vivificante, como lo es la escritura de este Ensayo numismático sobre la moneda circulante en Chile durante la Colonia.  

Por otra parte, obedece a una inquietud propia de mi ser periodista, motivado por mi aprecio por el valor de la cultura histórica de Chile, simbolizada en la moneda no solo como objeto de cambio, de compra y de venta, sino también como la representación simbólica de la identidad de una nación que comenzaba a caminar con sus propios pies, como se aprecia en el Primer Peso Chileno (Figura 1), en los años inmediatos al fin del periodo colonial:  

Así el 9 de Junio de 1817 el Supremo Director, a nombre del Gobierno recién constituído, decretó que en lo sucesivo la moneda nacional de plata tendría el sello del Gobierno; i las inscripciones siguientes: “Libertad”, “Unión i fuerza” i “Chile Independiente”. 

“El que de cualquier modo, agregaba este decreto, violase la nueva moneda será castigado como traidor a la patria” Subercaseux, (2013, p. 60). 

Figura 1. Primer Peso Chileno (1817). En OMNICOIN http://www.omnicoin.com/viewcoin/976857  Obtenido el 30 de junio de 2015 

Herencia y cultura son, en consecuencia, los orígenes de este Ensayo numismático, que no tiene otra intención más, que ser representativo de una historia que iniciaba un largo camino hacia la Independencia. Camino que comienza con la Batalla de Curalaba, el 23 de diciembre de 1598, a orillas del río Lumaco, y en la que muere el Gobernador Manuel García Oñez de Loyola, sobrino de San Ignacio, el fundador de la Orden Jesuita, a manos del toqui Pelantaru. Desde este momento, la guerra de Arauco, conocida por ser Ofensiva, pasa a ser Defensiva. El río Biobío se establece como frontera, y el rey Felipe II se vio en la necesidad de crear un ejército permanente. El periodo que nos interesa para la presentación de este trabajo, termina el 18 de septiembre de 1810, con la Primera Junta de Gobierno. Siete años después de la constitución de esta Primera Junta de Gobierno, como vimos recién, la moneda nacional de plata tendría el sello del Gobierno. 

Lo anterior significa que la moneda nacional no tuvo, durante los dos siglos y algo más que duró el periodo colonial, identidad propia, lo que no debe sorprendernos puesto que, a la llegada de los españoles, los pueblos precolombinos simplemente ignoraban la existencia del dinero. Más aún, la plata y el oro no tenían para ellos más que un valor estético-ornamental, tal como lo registra la clásica obra del Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales, de 1609, páginas 17 y 18: 

Maravilláronse los españoles de ver edificio de piedra, que hasta entonces no se había visto, y que la gente vistiese tan rica y lucidamente, que tenían camisetas y mantas de algodón blancas y de colores, plumajes, zarcillos, bronchas y joyas de oro y plata, y las mujeres cubiertas pecho y cabeza. 

En otro texto del Inca Garcilaso, citado por Subercaseaux en su mencionada obra, página 206, se lee:  

El oro i la plata no tenían en el Perú valor monetario alguno; los indíjenas solo estimaban estos metales “por su hermosura i resplandor, para ornato i servicio de las casas reales i templos del sol i casas de las vírjenes”. 

De suerte que, si pueblos con un alto desarrollo económico, social y cultural, como los Incas o los Aztecas, en México, no conocían la moneda como un instrumento de valor comercial, menos tendría cualquier importancia de cambio, para sociedades menos desarrolladas como la que habitaba lo que hoy llamamos la Región de la Araucanía. Así lo entiende José Toribio Medina, citado por Subercaseaux, en su referida obra, página 207: 

En Chile indíjena, que era una rejión mucho más atrasada, no se encuentran rastros de uso monetario. “Ni en los cronistas, ni en los documentos hemos encontrado alusión alguna a monedas de cualquier especie que circulasen entre los indios. I que no existieran parece natural, cuando sabemos el estado de atraso en que se encontraban las tribus que poblaban el territorio”. 

En consecuencia, la moneda chilena colonial fue durante mucho tiempo, simplemente  la que trajeron primero los españoles, y luego las que comenzaron a acuñarse en el Nuevo Mundo. Durante los primeros años de la Colonia, las pocas monedas que circularon en Chile, vinieron desde el Perú, donde residía el más alto representante de la autoridad española, y desde donde  España mantenía su comercio con la costa occidental de América. En Perú existía Casa de Moneda desde el año 1558, aunque la más famosa es la Casa de Moneda de Potosí, que se funda en 1572. Solo al promediar la mitad del  Siglo XVIII, en 1749, se acuña la primera moneda hecha en Santiago de Chile, con la imagen de Fernando VI.  

La historia de esa primera moneda acuñada en el país, se puede resumir así:  

El 1 de octubre de 1743, por Real Cédula, el Rey don Felipe V, ordenó la creación de la Casa de Moneda en Santiago. Don Francisco García de Huidobro fue nombrado Tesorero Perpetuo, otorgándole la facultad de usufructuar de las utilidades de la producción, y a cambio de estas atribuciones, él debía costear la instalación y el pago de los funcionarios de la Casa de Moneda. Para ello, construyó un edificio ubicado en la actual calle de los Huérfanos, en la esquina con Morandé, comenzando a funcionar en 1749 (Cifuentes, 2003, pp.1 y 2). 

Seis años después de la creación de la Casa de Moneda de Santiago, la historia de la moneda acuñada en el país se abría al encanto de la numismática con esta moneda; una moneda, con todo, que estaba lejos de representar la identidad nacional, a partir del propio busto del rey Fernando VI: 

Figura 2. Primera moneda acuñada en Chile el  10 de septiembre de 1749 (Reproducción). Media onza de oro o Cuatro escudos de oro. En ChileCollector http://www.chilecollector.com/archwebart0/casa_de_moneda01.html  Obtenido el 30 de junio de 2015 

Es decir, sesenta y ocho años después de la aparición de esta primera moneda acuñada en Chile, Media onza de oro, conocida también como Cuatro escudos de oro (Figura 2), el Primer Peso Chileno (Figura 1) hacía su aparición en la historia de la numismática nacional. Por cierto, la Media onza de oro vino a representar el sueño de la incipiente sociedad chilena, que ya había solicitado a Su Majestad, la creación de una Casa de Moneda que permitiese que el dinero no saliese del país, y generase el crecimiento económico que comenzaban a mostrar aquellas naciones en donde existía, desde hacía mucho tiempo, una Casa de Moneda. Con todo, el estudio de la numismática no envuelve solo la relación entre la moneda y la economía; es algo mucho más profundo que tiene que ver con la propia identidad de las naciones, y su manera de relacionarse económicamente con el mundo. Como dice Martínez (2013, p. 10): 

A través del estudio de las monedas se puede observar la relación entre el dinero y la nación, éstas son un testimonio material de la identidad de un pueblo, de una época y de las políticas monetarias que han animado a la economía.  

Mi interés en la presentación de este Ensayo numismático tiene que ver, por cierto, con estas razones identitarias, que envuelven el sentido histórico, social y cultural que subyace en la génesis de cada moneda. Más, aún, tratándose de la moneda que circulaba en nuestro país, que por casi dos largos siglos no tuvo acuñación propia y, cuando la tuvo, fue por razones económicas, siempre sometidas al yugo español. De hecho, la propia Corona se encargó veintiún años después de la Real Cédula del 1 de octubre de 1743, ordenada por Felipe V, que nombraba a Francisco García de Huidobro, Tesorero Perpetuo de la Casa de Moneda de Santiago,  de despojarlo de ese cargo, por Cédula Real ordenada por el rey Carlos III, en agosto de 1770. Las razones fueron, simplemente, que la Corona no estaba usufructuando del lucrativo negocio. Como dice CaRockLina (2012):  

“se produce un choque dialéctico con la Monarquía, ya que como esta no recibía beneficio alguno, ingresa la Casa de Moneda por intermedio de cédula al patrimonio de la Monarquía, lo que lleva a que 2 años más tarde Mateo de Toro y Zambrano sea nombrado Superintendente de ella y como primera medida establece que se traslade al Colegio máximo de San Miguel, y es recién en 1783 que se empieza a construir la edificación definitiva de la Casa de Moneda. 

De este modo, terminaba monárquicamente la primera empresa privada del país. 

Por lo tanto, el concepto moneda chilena, en rigor, debiera emplearse a partir de 1817, cuando nace el Primer Peso Chileno (Figura 1), ya en los inicios de la Patria Nueva. Recordemos, solamente, que el Director Supremo, Bernardo O’Higgins, declara la Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818. Independencia que es refrendada con el triunfo de la Batalla de Maipú el 5 de abril del mismo año.  

Antes de 1817, en consecuencia, no hubo moneda auténticamente nacional puesto que, como vimos, la aparición de la primera moneda acuñada por la Casa de Moneda de Santiago, en 1749, tuvo el sello de la Corona representado con la efigie del rey Fernando VI. En el reverso se encontraban el sello real y la Casa de Moneda de Santiago, como se aprecia en la Figura 3. Del mismo modo, parece algo aventurado referirse a la moneda del Chile colonial, puesto que, de los dos siglos que los historiadores reconocen a nuestra Colonia, en realidad solo el siglo XVIII fue rico en circulación de monedas, de un modo parecido a como lo entendemos hoy. Desde la Conquista hasta el primer siglo colonial, las monedas que circularon por el país fueron, definitivamente, muy escasas. 

Figura 3. Media Onza de Oro o Cuatro Escudos. Primera moneda acuñada en Chile el 10 de septiembre de 1749. En https://www.google.cl/search?q=moneda+media+onza+de+oro+o+cuatro+escudos&biw=1280&bih=664&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0CCwQsARqFQoTCOOkiMyi48gCFUiNkAodGSULow#imgrc=kLO7uK96egX_dM%3A Obtenido el 14 de octubre de 2915 

Ahora, si bien es cierto, la Media onza de oro o Cuatro escudos traía el sello monárquico, no menos cierto es que ella introdujo el símbolo que hasta hoy puede apreciarse en nuestras monedas: la S con la º sobre ella, que representa la ceca de la Casa de Moneda de Santiago de Chile. Por ejemplo, en la actual moneda de quinientos pesos, se encuentra sobre el hombre izquierdo del busto del Cardenal Raúl Silva Enríquez. El símbolo S tendrá especial relevancia en la creación del signo $, como veremos en esta presentación. La Figura 4 muestra la reproducción de una moneda de quinientos pesos cuya inclusión en esta Introducción, se justifica por cuanto se aprecia, en uno de sus lados, la imagen de la ceca de Santiago de Chile con la fecha de su fundación. El patrón de esta moneda fue subastado por Ebay en el primer semestre del año 2002: 

Figura 4. Ceca de Santiago de Chile con el año de su fundación. Patrón de la moneda de Quinientos pesos subastada por Ebay el año 2002. El otro lado es el mismo que tiene la actual moneda. En 

http://www.portalnet.cl/comunidad/cementerio-de-temas.635/221374-monedas-que-no-llegaron-serlo.html  Obtenido el 14 de octubre de 2015 

La ceca, entonces, era uno de los dos rasgos propios de la moneda colonial. El otro, el nombre del ensayador. El trabajo del ensayador consistía en “Probar la calidad de los minerales o la ley de los metales preciosos”, según se lee en la quinta definición de la Academia. En la época de la primera moneda acuñada en Santiago de Chile, el ensayador era José Larrañeta. Todas las monedas acuñadas entre 1749 y 1760, llevan su marca, simbolizada por la letra “J”. En la Figura 3, este símbolo se encuentra debajo del sello real, a la izquierda, a la misma altura de la ceca, que se encuentra a la derecha de dicho sello. 

De las distintas monedas que circularon en la Colonia, algunas tuvieron especial trascendencia para la historia de la numismática chilena o latinoamericana. Por lo mismo, hemos seleccionado tres de ellas para estudiarlas brevemente en este ensayo. Después de todo, no debemos olvidar que el término numismática proviene del latín nomisma  (moneda y medalla). Trata, por lo tanto, de acuerdo con Murillo y Chacón, citados por Varela (2009, p. 10). “del conocimiento de las monedas y medallas principalmente antiguas”. Y agregan los citados autores: 

(…) estudia esos objetos en relación con el arte, la historia y la economía, ya que son elementos representativos de sociedades que vivieron en un tiempo y espacio determinados, y, además, brindan información que nos permite complementar el estudio de la historia de los pueblos (pp. 10 y 11). 

Las monedas que hemos seleccionado responden a cabalidad a la comprensión del concepto numismática propuesto por Murillo y Chacón, por cuanto simbolizan momentos esenciales de la historia de la moneda usada en nuestro país, en esos siglos cruciales de su formación como nación. Ellas son: la Macuquina, el Real de a ocho y el Peso.  

Será una breve biografía de cada una de estas emblemáticas monedas que llegaron con la Colonia a toda América Latina. 

  1. La Macuquina 

Esta curiosa moneda surge como una necesidad de la Corona de tener mayor dinero circulante en las colonias de América. Su nacimiento se debe a la incapacidad productiva de la Monarquía, para abastecer las necesidades de circulación de dinero en las nuevas tierras. De este modo, el desarrollo económico trajo consigo el aumento de la demanda monetaria lo que propició, como señala Quiroga (2011, p. 143),  la aparición de estas raras y codiciadas monedas: 

(…) piezas de factura irregular, realizadas mediante el sistema de acuñación a martillo, caracterizadas por los cospeles irregulares, con los bordes recortados y con un diámetro y espesor variables pero sin embargo en sus caracteres intrínsecos estuvieron ajustadas en todo momento a la legislación vigente. 

Las emisiones de estas monedas comprenden un largo periodo de la Colonia Hispanoamericana, que abarca desde 1572 a 1734; es decir, desde el reinado de Felipe II hasta el primer periodo monetario del reinado de Felipe V. Comprende, por lo tanto, los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. La primera macuquina de plata fue acuñada por la ceca de México, que fue fundada en 1536. Luego vinieron las cecas de Lima y Potosí, fundadas en 1568 y 1574, respectivamente.  

El nombre de esta moneda macuquina es Real, que circuló con diferentes valores: 1/2 (real de a medio o realito), 1 (sencillo o media peseta), 2 (doses o peseta), 4 (medio peso) y 8 (peso). Los valores de cuarto de Real dejaron de ser acuñados en el siglo XVIII. 

Quiroga, en su citada obra, propone una clasificación tipológica de la macuquina en dos series. La primera serie, llamada Macuquina de Escudo y Cruz, corresponde a las monedas acuñadas desde 1572 a 1734; o sea, los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe V, como vimos anteriormente. La figura que presentamos a continuación, nos entrega una descripción tipológica de la moneda Real de ocho, de Felipe III, en plata: 

Figura 5. Real de a ocho, de Felipe III. En Quiroga, A. La moneda en los reinos de Indias: México y Cuba. En Revista Ab Initio. Núm. Extr. 1 (2011).  

En el anverso de la Figura 5, para cuya descripción seguimos a Quiroga en su texto mencionado, páginas 145 y 146, se aprecia el Escudo con las Armas Reales Coronado que, a partir de 1572 se incorpora al modelo heráldico de Felipe II. La ceca corresponde a México, cuyo símbolo “M” con la º sobre ella, se encuentra en el lado izquierdo del escudo. Bajo la marca de la ceca,  la marca del ensayador. En el lado derecho del escudo se encuentra la marca del valor, que puede indicarse mediante puntos, números romanos o números arábigos. La leyenda comprende el inicio del título real PHILIPOVS D(EI) G(GRATIA) HISPANARIVM. La fecha puede incorporarse tanto en el anverso como en el reverso de la moneda. 

 En el reverso de este Real de a ocho, de Felipe III, se encuentra el Cuartelado de Castillos y Leones, enmarcados en la Cruz de Jerusalén, inscrita en orla de ocho lóbulos. La leyenda continúa el título real ET INDIANARVM REX. 

Por cierto, al ser estas monedas de tosca fabricación, “muchos de los datos no se grababan en el cospel, por lo que no se aprecian con claridad todos los elementos e información. No contenían cordón protector”, como nos señala Varela en su citada obra, página 15.  

También hubo acuñación de oro de esta moneda. Ella fue autorizada bajo el reinado de Carlos II, por medio de Real Cédula del 25 de febrero de 1675. La primera ceca autorizada fue la de Santa Fe de Bogotá. Y la primera emisión de estas monedas corresponde al año 1679. Los escudos de oro de 1 (escudo sencillo o escudo de a dos pesos), 2 (doblón sencillo o doblón de a cuatro pesos), 4 (media onza o doblón de a ocho pesos), 8 (onza o doblón de a dieciséis pesos), dejaron de acuñarse también en el siglo XVIII, como los valores de cuarto de Real de plata: 

Figura 6. 8 Escudos. En Quiroga, A. La moneda en los reinos de Indias: México y Cuba. En Revista Ab Initio. Núm. Extr. 1 (2011). 

La descripción de la pieza de la Figura 6, que propone  Quiroga en su obra ya citada, es la siguiente: en el anverso, se encuentra el Escudo Coronado con las Armas de la Monarquía, que incluye el cambio heráldico de Felipe II. La marca de ceca, del ensayador y del valor, se incluirá normalmente en este lado de la moneda. La moneda sigue el modelo de las acuñaciones de plata. 

En el reverso se encuentra la Cruz de Jerusalén, enmarcada en una orla lobulada. Los cuarteles de la cruz pueden presentar alguna decoración, normalmente coronas o lises. La leyenda continúa la inscrita en el anverso, es decir, completa el título real. 

Respecto de la fecha de acuñación de las macuquinas, la llamada Pragmática de San Lorenzo, de Felipe II, de 1588, ordena la inclusión de la fecha en las piezas, la que puede encontrarse tanto en el anverso como en el reverso, formando siempre parte de la leyenda. Con todo, era habitual que ella no apareciese debido al irregular formato de la moneda que impide verla. La primera moneda con fecha en su impronta data de 1607, es decir, de principios del siglo XVII. 

Finalmente, y para terminar esta brevísima mirada en torno a esta curiosísima y codiciada pieza de la numismática latinoamericana, entregamos la definición que de ella hace el Diccionario de Numismática (s.f.), publicado por el Gobierno de España: 

Nombre dado desde finales del siglo XVI a la moneda* española de plata* y oro* acuñada a martillo* en las cecas* de América. Con frecuencia se trataba de una pieza tosca, fabricada con cospeles* irregulares y de grosor y módulo* variables, lo que favorecía la limadura y el recorte de los cantos*. En algunas casas de moneda (Potosí), se acuñaron hasta mediados del siglo XVIII, pero en otras (México), se emitieron hasta 1732, fecha en la que las cecas indianas estuvieron en condiciones de poder obtener mediante procedimientos mecánicos la nueva moneda de cordoncillo*, con el canto ya troquelado. En plata se emitieron piezas de ocho, cuatro, dos, uno y medio real (2)* y, en oro, de ocho, cuatro, dos y un escudo (3)*. Su etimología no está clara, aunque se ha relacionado con el término peruano macuco, asociado a la idea de astucia o disimulo, o con el árabe mahcuc, revisado, comprobado (p. 112). 

De la definición entregada por este diccionario, se desprende un hecho esencial, y es que la Macuquina fue una auténtica moneda latinoamericana, con su hechura bien al estilo de cómo se hacen las cosas en este lado del mundo, y que con el correr de los siglos, no ha variado mucho. Una moneda cuya acuñación desahogó la creciente demanda de circulante en las nuevas tierras.  

Quiero cerrar la presentación de esta interesantísima moneda, presentando una macuquina de mi colección personal: 

Figura 7. 8 Reales, Macuquina, 1773. Potosí. Ensayador V. Foto de Luis León Soto. Colección Particular del autor.       

  1. El Real de a Ocho 

El Diccionario de Numismática, editado por el Gobierno de España, ya citado en este trabajo, define esta moneda bajo el nombre de Ocho reales, en estos términos:  

Moneda castellana de plata con valor de ocho reales, acuñada por los Austrias y los Borbones en la Península y en América. Por su excelente ley, fue aceptada e imitada en todo el mundo. Esta pieza fue conocida con diversos nombres, entre ellos real de a ocho, patacón, patagón y, sobre todo, peso duro y peso fuerte, de donde proceden las denominaciones de las monedas, de módulo, peso y valor aproximados, que la sucedieron: peso, nombre de diversas monedas en América y Filipinas, y duro, apelativo popular de la pieza española de cinco pesetas. 

Es una de las llamadas monedas conocidas bajo el nombre genérico de de Real Fuerte Columnario o Columnario de Mundos y Mares. Su acuñación se inició en México en 1732 y se extendió hasta 1779. Fue una moneda creada por Real Cédula, en junio de 1728. Comprende, en consecuencia, los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, y circuló con los valores de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales. La moneda fue usada en el comercio de todo el mundo, siendo el Real de a Ocho la más conocida. 

En el reverso de la moneda se encuentra el origen de su nombre. Como se aprecia en la Figura 7: sobre las olas que simulan el mar, se representan los dos hemisferios adosados bajo la corona. Ambos, corona y hemisferios, se encuentran entre las  columnas de Hércules, rodeados de bandas con la siguiente inscripción: PLUS VLTRA. Mientras que el lema VLTRAQUE VNUM (Ambos son Uno), bordea la moneda. Debajo del mar, se encuentra el año de acuñación y, a su izquierda, el símbolo de la ceca. En este caso, la letra M con el º sobre ella, que corresponde a México. 

La acuñación de esta moneda se inicia en el segundo reinado de Carlos V, en 1732, como se dijo más arriba. El anverso de la moneda contiene el escudo de la corona rodeado por la leyenda, en latín con el nombre del rey. En este caso, el nombre del rey Felipe V: REX PHILIP V DG HISPAN ET IND. 

Figura 8. Real de a 8 labrado en México en 1737, bajo el reinado de Felipe V. En    http://corveracolecciones.com/?page_id=629  Obtenido el 10 de octubre de 2015 

La importancia de esta moneda puede reflejarse en las siguientes palabras de Ruiz (s.f): 

El Real de a Ocho, moneda de plata de la Monarquía Española y difundido por ésta durante más de tres siglos, fue la moneda que por primera y única vez en la historia marcó el techo de la economía mundial y sirvió de divisa obligada al referenciar en ella las monedas circulantes de los otros Estados de su época, para poder participar en el comercio de cinco continentes. 

La Casa de Moneda de Santiago de Chile, también, por cierto, acuñó esta importante moneda. Sin embargo, no fue el Real de a Ocho, la primera moneda acuñada por la ceca de Santiago, sino la Media onza de oro, acuñada el 10 de septiembre de 1749, con el busto de Fernando VI, como se muestra en la Figura 8: 

Figura 9. Media Onza de Oro. Casa de Moneda de Santiago, 1749. En https://www.google.cl/search?q=media+onza+de+oro+acu%C3%B1ada+en+santiago+de+chile&biw=1280&bih=664&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiCoYy1p7HJAhXQNpAKHUV-A5IQ_AUIBigB#imgrc=kLO7uK96egX_dM%3A Obtenido el 20 de noviembre de 2015 

Según Medina (1919, p. 7), “Hay de estas piezas de los años de 1700, 1752, 1756 y 1757”. Sin duda, y aunque no es objeto de estudio de este Ensayo Numismático, la Media Onza de Oro tiene el valor histórico innegable, de ser la primera moneda acuñada en Chile. Esa es la razón por la cual hemos querido presentarla en este trabajo.  

Volvamos, ahora, a nuestro Real de a Ocho, con un ejemplar acuñado por la ceca de Santiago bajo el reinado de Felipe VI:  

Figura 10. Real de a Ocho acuñado en Santiago de Chile bajo el reinado de Fernando VI. En: 

https://www.google.cl/search?q=moneda+columnaria+acu%C3%B1ada+en+chile&start=10&sa=N&biw=1280&bih=664&tbm=isch&imgil=oY_h7mncnGK03M%253A%253Bh1KMAbRvqhoUJM%253Bhttp%25253A%25252F%25252Fwww.conuvi.com.ar%25252Fposts%25252F49%25252F4587%25252FDos-bustos-para-espa-a-y-sus-colonias.html&source=iu&pf=m&fir=oY_h7mncnGK03M%253A%252Ch1KMAbRvqhoUJM%252C_&usg=__GHw69-skptKYZH-38MYw6FtOiYQ%3D&ved=0ahUKEwjEv9GZ967JAhUKL5AKHQxbAo44ChDKNwgt&ei=92tXVoToKorewASMtonwCA#imgrc=tX6IkYKG5ERaLM%3A&usg=__GHw69-skptKYZH-38MYw6FtOiYQ%3D

Con la Figura 8 completaremos la descripción de esta moneda internacional que iniciamos con la acuñada en México (Figura 7). En el anverso de la moneda, en el centro de ella, se encuentra el escudo coronado, cuyos espacios primero y cuarto representan a Castilla, en cuanto que los espacios segundo y tercero representan a León y Granada en punta. En el centro del escudo, el Escusón de los Borbón compuesto por tres flores de lis, que ya observamos en la moneda mexicana de 1737. 

En el lado izquierdo del escudo se encuentra la marca del ensayador, simbolizada por la inicial del nombre. En este caso, la letra J, que corresponde a José Larrañeta, ensayador desde 1749 a 1760. En el lado derecho del escudo, la marca del valor. En este caso, el número 8, puesto que se trata de una moneda de Ocho reales, como la reconoce el diccionario que hemos citado en este trabajo. 

Sobre la ceca, se aprecia la S con el símbolo º sobre ella, que representa a Santiago. La ceca se encuentra en medio de una decoración floral. 

Para terminar esta brevísima biografía del Real de a ocho, que reafirman la importancia de esta moneda en la Colonia latinoamericana, citamos las palabras de Ruiz, ya mencionada en este ensayo: 

Durante más de tres siglos el Real de a Ocho no sólo fue moneda internacional, sino que también fue el principal producto de exportación en los Estados del norte, las Antillas, Filipinas, China, Japón, Indochina, Corea, India y los Estrechos malayos; además de utilizar el Real de a Ocho en las transacciones comerciales con Oriente, Inglaterra y Francia (p. 371). 

Por último, digamos que el Real de a ocho recibió también el nombre de Peso, moneda que revisamos a continuación en este ensayo. 

  1. El Peso 

Es la última de las tres monedas seleccionadas para ser comentadas en este Ensayo numismático. Su trascendencia, de irrefutable valor histórico, lo demuestra el hecho de que muchas monedas en distintos países latinoamericanos, en la actualidad, llevan su nombre. El peso ha sido el nombre de nuestra moneda chilena a través de su historia, salvo el periodo que abarca desde 1959 hasta 1975, en que la moneda adquirió el nombre de Escudo. Como lo señala Céspedes del Castillo (1974, p. 464): “El peso de plata es la gran creación americana. Fabricado toscamente, pero de ley alta, es una moneda sana que alcanza difusión por casi todo el mundo”. Más adelante, en la misma página, el autor agrega: “Prueba máxima de su difusión e importancia es que todos los sistemas monetarios del Nuevo Mundo tienen al peso indiano como base próxima o remota”. 

Pero el peso no nace como moneda acuñada, sino como pedazos de metal llamados barretones. Estos barretones eran tejos de oro que, a partir de 1535, debían llevar grabados su ley, lo que facilitaba conocer su valor con solo pesarlos. En esa época, como dice Torres (s.f., p. 125): “La moneda acuñada se consideraba moneda menor. Sólo a partir de primeros del siglo XVIII se prohíbe la contratación con metal no amonedado”. Un interesante y rarísimo texto de Fray Juan de Torquemada, de su obra Monarchia indiana, citado por Torres en la página 125 de su ensayo recién mencionado, ilustra el contexto político-económico que originó la acuñación de esta moneda: 

Como la tierra iba en tanto aumento, y no bastaba para la contratación que tenían, así indios como españoles el modo que avía de contratar, que era con barras y texuelos de oro, y también en polvo, porque avía grandes fraudes en este trato, en especial con los indios, que eran fáciles de engañar y eran mui damnificados en el trato, que no sabían distinguir de la mucha o poca quantidad, sino atender sólo a trocar uno por otro, determinó este buen Príncipe (se refiere a Carlos I) de que se batiese moneda, como se puso en execución… 

Cuando se inician las acuñaciones, el nombre de peso se aplica a la moneda de ocho reales, que nosotros ya vimos en este trabajo. Esta moneda se acuñó por primera vez en América en México, en tiempos de Felipe II. Desde aquí, su denominación se extiende a las monedas fabricadas en las otras casas 

La moneda de plata de ocho reales, llamada también Peso o Duro es, sin embargo, la que se proyectará más allá de las fronteras del continente latinoamericano. De este modo, el gobierno inglés la torna obligatoria en Canadá, en mayo de 1765. Por su parte, los Estados Unidos, en 1792, poco después, en consecuencia, de su independencia, adopta como unidad monetaria el Dollar, cuyas características monetarias eran similares a la del Real de a ocho columnario / Peso latinoamericano. En alemán, esta moneda recibió el nombre de Piastra.  

En Chile, la acuñación del peso con el nombre de tal, es tardía, y, en rigor, se encuentra fuera de la Colonia, tal como vimos en la Figura 1, puesto que data de 1817, siete años después de terminado el proceso colonial.   

Pero la vida del Peso estuvo unida, como su alma gemela, al Ocho Reales. La cuarta definición que registra el Diccionario de Numismática, ya citado en este trabajo, define la moneda que revisamos, simplemente así: “Ocho reales”. 

Un dato curioso sobre esta moneda, y con el que terminaremos la redacción de este Ensayo numismático, lo entrega Carmina Rodríguez en su artículo Historia del dinero en Chile: Las etapas del billete (s.f.). La autora alude a la moneda de medio real de plata del año 1760, y la describe con sus “dos mundos entrelazados con una corona encima de ellos”. Menciona, además, los dos pilares que caracterizaban a la moneda columnaria, cada uno rodeado de una cinta. “En la primera de ellas se lee «Plus», y en la segunda «Ultra», lo que en latín quiere decir «Más Allá». Una descripción, en fin, que ya hemos visto y comentado: 

Figura 11. ½ Real Columnario, 1760, periodo de Fernando VI. En http://coleccionables.mercadolibre.com.mx/monedas-mexico/medio-real-columnario 

Lo novedoso del aporte de Rodríguez, tiene que ver con el signo $ y su origen, relacionado con el Medio Real de plata de 1760: 

Con el tiempo, para referirse a esta moneda las personas comenzaron a dibujar una «S» -en analogía a la cinta que envuelve el pilar- y dos rayas «||» para referirse a los dos pilares. Como combinación de ambos, surgió el signo «$», utilizado hasta hoy para designar a nuestra moneda nacional, el peso. 

Esta brevísima revisión de la moneda usada durante la Colonia en Chile, nos ha enseñado la trascendencia de este símbolo monetario para la comprensión histórico-cultural de un periodo crucial de nuestra Historia, por cuanto comprende, prácticamente, desde el inicio de la Guerra de Arauco, en su etapa Ofensiva, hasta la Declaración de la Primera Junta Nacional de Gobierno. 

Mucha documentación ha quedado fuera de este trabajo, por razones de tiempo y de contenido, pero que me propone nuevos desafíos para mañana. 

REFERENCIAS 

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Céspedes del Castillo, G. (1974). “Las Indias durante los siglos XVI y XVII. En Historia de España y América, social y económica. Volumen III. Barcelona: Editorial Vicens-Vives. 

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http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=2&tt_products=5 Obtenido el 10 de julio de 2015. 

http://www.google.cl/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0ahUKEwjwnMvzoLHJAhWPl5AKHb7oAJ0QFggbMAA&url=http%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F3702357.pdf&usg=AFQjCNE6PQm83WK5wW3cLhyTpKyx8HWCTg Obtenido el 10 de septiembre de 2015. 

Martínez, J. (2013). Monedas Americanas. La libertad acuñada. Museo Histórico Nacional. En http://www.museohistoriconacional.cl/618/articles-37580_archivo_01.pdf Obtenido el 16 de septiembre de 2015 

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Rodríguez, C. (s.f.). Historia del dinero en Chile: Las etapas del billete. En (http://www.periodismo.uchile.cl/themoroso/2002/5/historia/carmina.html Obtenido el 10 de noviembre de 2015. 

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